Para ti, Nikky, que solo querías volver a casa después de un largo día de trabajo y poder dormir. Que pedías dinero para ayudar a los que lo necesitaban. Que querías vivir historias para poder escribirlas. Tu voluntad fue cercenada en un instante y te convertiste en la sombra de otro. Fuiste violada de cuerpo y mente y te hicieron parecer culpable cuando en realidad eras la víctima. Tu cuerpo y tu voluntad luchaban por salir y al final pediste acabar con todo.
Para ti Bear, que estuviste 7 años esperando, idealizando, sin conocer realmente a la persona que amabas (no le compraste la piedra cuando ella tenía un Ojo de tigre). Que llorabas sin entender porqué no te quería y que negaste hasta dos veces cuando te preguntó por tus sentimientos. Que eras un libro cerrado para ella. Que intentaste “modificar” tu deseo para adecuarlo a tus necesidades. Que sabías que sufría y preferiste apagar el móvil. Que al final ni siquiera fuiste valiente y no pudiste salvarla salvo por un giro del destino. Nunca entendiste que no eras suficiente para ella.
Para las Nikky Freeman del mundo, las que cargan con el peso de ser incomprendidas. Las que han visto cómo les arrebataban la voluntad, la identidad y la paz. Las que han tenido que fingir normalidad con el alma en pedazos, sonreír cuando el cuerpo obligaba y gritar ayuda sin ser entendidas. Para las que han sido juzgadas por su dolor, culpabilizadas por su vulnerabilidad y silenciadas por su verdad.
Para las Nikki Freeman del mundo,que solo piden volver a casa y poder dormir. Que ningún deseo ajeno calle vuestra voluntad y os convierta en la sombra de otro.
